Lo que nos dejó la revolución de la alegría

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Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, realizado en 2019, analizó las consecuencias nocivas de la crisis económica y laboral de los últimos años en la salud de los argentinos. 

El informe «La mirada en la persona como eje del Desarrollo Humano y la integración social» advierte que en 2018 más argentinos aseguraron sentirse deprimidas e infelices en comparación a 2017. Además, a más bajo estrato socioeconómico, peores son los resultados.

El trabajo evalúa el período 2010-2018 y entre el comienzo y el final de la serie se registra una duplicación en la cantidad de personas que dijeron tener una percepción negativa de su estado de salud (incluyendo las dimensiones física, biológica y psicológica).

Mientras en 2010 el 7,5% de los consultados mostró una percepción negativa de su estado de salud general, 8 años más tarde esa cifra llegó al 15,7%.

A la hora de centrarse sólo en el malestar psicológico (expresado en síntomas de ansiedad y depresión en las personas) también se registró una suba a lo largo de toda la serie de casi tres puntos porcentuales pero que tuvo uno de sus saltos más grandes entre 2017 y 2018 cuando pasó de 18,7% al 21% de los consultados que dijeron sentirse deprimidos y/o presentar síntomas de ansiedad.

Entre quienes pertenecen a los estratos socioeconómicos más bajos la depresión alcanza al 33,1% de los consultados mientras que baja al 17,2% entre los de mayores recursos económicos.

“En 2018 el 21% de los entrevistados dice sentir inquietud, agitación, desesperanza, tristeza, cansancio y nerviosismo” indica el informe de la UCA y advierte: “Específicamente, quienes sufren mayores carencias a nivel estructural y laboral, han percibido mayores problemas de salud y sintomatología ansiosa-depresiva. En relación a las características individuales, los adultos mayores demuestran mayor déficit de estado de salud y las mujeres mayor sintomatología ansiosa y depresiva”.

La felicidad también fue considerada y registró un cambio de tendencia: mientras de 2014 a 2017 el nivel de infelicidad venía bajando, en 2018 volvió el malestar registrado al comienzo de la década, con un 13,6% de personas que se consideraron “poco o nada” felices.

“Sentirse poco o nada feliz aumenta a medida que desciende el estrato socio ocupacional, el nivel socio-económico y la condición residencial de la población» indica el informe y detalla: «Así, los que peor condición laboral y educativa tienen llegan a valores mayores al 20%, en tanto sólo un 5% aproximadamente de los encuestados del estrato medio profesional se sienten infelices. El doble de los individuos pobres manifiesta sentirse poco o nada feliz al ser comparados con los que viven en hogares con mejores ingresos económicos”.