Obras son amores

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Por  Jorge Márquez*

En las elecciones generales del 2015, el actual intendente Martiniano Molina obtuvo más votos que Mauricio Macri. Es plausible que algunos asesores recuerden el corte de boleta observado en aquella oportunidad y tengan visiones esperanzadoras ante la próxima competencia electoral, más allá de una realidad social local que se torna compleja. Sin embargo, suponiendo que Molina mantenga sus simpatías ante la ciudadanía, no encabezaría la lista, por lo que es posible que se distorsione el optimismo frente a una boleta en que la estrella será el candidato/a a senador provincial, asumiendo que las elecciones de medio término observan sus particularidades. Digamos también que cambiaron las condiciones de aquella última experiencia electoral, hecho nunca menor.

El gobierno local ha hecho una fuerte campaña de anuncios de obras de infraestructura como corazón de la gestión, sin mostrar, en la mayoría de las otras áreas, un sesgo innovador que suponga “cambios”: por el contrario, algunos grupos políticos que integran el gobierno y otros que se han acercado aportan grandes contradicciones en esto de construir “novedad” estratégica. La innovación se observa en términos marketineros más que en cuestiones políticas. Ni siquiera se hicieron aportes interesantes a la tan mentada “transparencia” o propuestas ante la promesa de reducción de la pobreza o la inseguridad.

La carta a la que se reduce la apuesta gubernamental es “la obra pública” como toda interpretación de la necesidad de las mayorías. Por eso, hasta agosto se verá al intendente caminando por lugares donde se va a pavimentar, escavar, fratachar, inaugurar o anunciar algo en lo que se vea cemento u hormigón. La pregunta es si la población interpretará que la decisión era la acertada, aun a costa de las pesadas deudas sociales.

* Lic. Ciencias Políticas, docente, autor de “Al sur de la Utopía”