Un golpe de Estado obligó a Evo Morales a exiliarse en México

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Las amenazas de las Fuerzas Armadas en complicidad con buena parte de la oposición fueron parte del contexto que terminó con la destitución del presidente de Bolivia, Evo Morales. Mientras México le ofreció refugio, la Argentina de Mauricio Macri desconoció el derrocamiento.

Por Pablo Lapuente

Una persecución política como en las peores épocas en América Latina recayó sobre el presidente de Bolivia, Evo Morales.  Amenazas por parte de las Fuerzas Armadas, amotinamiento de la Policía, y alzamientos contra su Gobierno orquestados en buena parte desde la oposición culminaron en un golpe de Estado que lo llevó a dejar su cargo y exiliarse en México.

Hoy tampoco existe en Bolivia un Gobierno interino golpista. Es que también fueron obligados a renunciar todos los que seguían en la línea sucesoria: vicepresidente, presidente del Senado y Diputados. Por lo que sólo quedan algunas caras visibles de la represión y la desestabilización de la democracia como el dirigente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Fernando Camacho.

Más allá de los nombres, importantes a la hora de buscar responsabilidades políticas en el futuro, el golpe de Estado parece haber apuntado a derrumbar el proceso de transformación del país bajo la última gestión.

Puesto en números significa que Morales se convirtió en el primer presidente indígena y sindicalista de su país con el 59,9% de pobres y, doce años más tarde, logró bajar esos índices al 34.6%, convirtiendo además a Bolivia en el país con mayor crecimiento económico de toda Latinoamérica, de acuerdo a un informe de CEPA en base al Banco Mundial.

Ahora resta por ver los próximos movimientos del presidente exiliado, y el respaldo que recibirá de parte de sus pares en la región.

En Argentina, Macri anunció a través de Cancillería que no reconoce el golpe, y se diferenció así de buena parte de la oposición e incluso el oficialismo como la Unión Cívica Radical. Por su parte, el presidente electo Alberto Fernández que tomará el cargo el próximo 10 de diciembre ya adelantó que nuestro país retomará la larga tradición de respetar los procesos democráticos y repudiar cualquier golpe de Estado.

Lo hizo a través de sus redes sociales y con fuertes críticas al canciller macrista, Jorge Faurie, a quién definió como un «hecho desgraciado en la historia de la diplomacia argentina». Su postura sin dudas marcará un nuevo rumbo en política internacional. Y si de democracia y soberanía se trata la relación con el FMI o la cuestión Malvinas merecerán un artículo aparte.