Un cumpleaños muy felíz

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por Leandro Barttolotta – Licenciado en Sociología y Ezequiel Castro –
Profesor de Historia e investigador

Hay ciudades de historia expuesta que amontonan y empaquetan símbolos, relatos y arquitecturas para alimentar a turistas y curiosos. Y hay ciudades, como la de Quilmes, en las que ´la historia´ es también el nombre de un fondo bastante insondable compuesto de fuerzas vivas y caóticas que, incluso cuando ignoren la sustancia de la que están hechos, son la estofa de los cuerpos que la habitan, la transitan y la hacen. Pero si bien se trata más de un fondo que de una ´fundación´ –y sabiendo que antes de la conquista española se paseaban por estas tierras tribus nómades de Querandíes- el pagano año 1666 marca un inicio para la necesaria línea del tiempo: la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes crea un asentamiento de ´población permanente´ para los sobrevivientes a la caminata forzada desde los Valles Calchaquíes ubicados en la provincia de Tucumán. Un desplazamiento que sobrevino luego de la derrota de la resistencia de décadas que los Kilme le plantaron a la invasión española: perdieron en el plano de las armas, pero no en el de las almas: ese aguante originario también es parte del material sensible que funda nuestra ciudad (¿será una casualidad “histórica” que las invasiones inglesas de 1806 se hayan resistido desde nuestras costas?). El 14 de agosto de 1812 se establece la fecha que será tomada como el día oficial de celebración de nuestra ciudad; cuando en el contexto pos Revolución de Mayo, el Triunvirato da por finalizada la Reducción haciendo de los Kilme ciudadanos legales.

Ese Quilmes histórico es también, y más acá de los datos y las efemérides, un ritmo que marca el pulso de la ciudad-y que hace mover involuntariamente el esqueleto de sus habitantes- fuerza  que se expresa en los días de fiesta y carnaval, en los buenos y malos encuentros en sus bares y en sus calles, en la vitalidad de sus barrios y sus plazas, en el balneario y en la costa del Río con noche de luna llena, en sus bandas de cumbia y rocanrol, en ´el clásico más antiguo del fútbol argentino´ entre Mates y Cerveceros, en las anécdotas que nos contamos y que fabulamos cuando devenimos embajadores y servidores de su mística fuera de la ciudad. En esa calentura vital y en ese ´clima ideal´ que doblego incluso a pecho fríos alemanes y los hizo quedarse acá para crear la birra que circuló por las gargantas de todo el país. Ningún quilmeño o quilmeña de ley quiere – o puede- dejar la ciudad: ese fondo histórico tira; es magnetismo que atrae música que hipnotiza y hace bailar.

El cumpleaños número 353 nos encuentra unidos y alegres: parece que, a tono con lo que sucedió en casi toda la Argentina, los ´turistas blancos´ de Cambiemos que ocupan la gestión municipal comienzan su retirada; ignorar y subestimar las fuerzas silvestres que habitan el fondo histórico de la ciudad tiene también su vuelto electoral. Ojalá que octubre selle el despido de los ´modernizadores´-que creen que una ciudad tan compleja, popular y vital puede aplastarse en una imagen o una marca y gestionarse desde sus capas más ´superficiales´- y nos empuje a un nuevo desafío para la ciudad: aquel en el que haya que pensar formas de representación y gobierno acordes a lo que exige ese intenso y denso pasado histórico que nos parió.

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