PIBES CHORROS

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Una encuesta realizada por el Centro de Estudios Metropolitanos refleja que el 50% de los argentinos redujo lo que come diariamente. Dos de cada tres personas compran menos y aseguran que su situación personal empeoró en 2018. En Quilmes más de 40 comedores y merenderos se encuentran sin recibir alimentos de apoyo por parte de la Municipalidad y Nación. Referentes de estas instituciones barriales aseguran que la crisis económica demanda cada vez más trabajo social desde los comedores y que durante 2018 aumentó la cantidad de niñxs y adultos que se acercan por un plato de comida.

Casi la mitad de la población, 49 por ciento, dice que tuvo que reducir las porciones de comida durante 2018. Lo alarmante de la cifra, es que hace un año, los que hablaban de reducción de porciones eran el 34 por ciento de los consultados. Además, también casi la mitad de la población (44 por ciento) afirma que teme perder su trabajo, cuando hace un año los que tenían ese temor eran el 30 por ciento. Nada menos que seis de cada diez personas dicen hoy que su situación es peor o mucho peor que hace un año. En el segundo cordón del Gran Buenos Aires, los datos son dramáticos: más de un 40 por ciento dijo que pasó hambre en algún momento de 2018 por falta de dinero para comprar alimentos. Y en esas zonas, casi el 60 por ciento dice que teme perder su trabajo en los próximos meses, algo que tiene que ver con el derrumbe, por ejemplo, de la construcción, la obra pública y la crisis de industrias como el calzado y textiles por la baja del consumo y las importaciones. Estos son sólo algunos ejemplos de la destrucción social percibida por el Monitor de Clima Social (MCS) que por octava vez mide el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM). “Esta es la consecuencia de un plan económico en el que sólo ganan el sector financiero, la soja, la minería y las empresas de servicios públicos con los tarifazos”, analiza Matías Barroetaveña, responsable del estudio.

El CEM, centro de estudios interuniversitario  coordinado entre la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), la Universidad Nacional de Hurlingham y la Universidad Nacional Arturo Jauretche, relevó este mes el octavo Monitor de Clima Social. En total se consultó a 1.293 personas a través de entrevistas telefónicas en Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. El Monitor analiza tres índices: de seguridad laboral, económica y social. Cada uno se elabora a partir de una serie de preguntas. Por ejemplo: ¿tiene miedo de perder su trabajo? ¿perdió usted o alguien que vive en su hogar el trabajo durante el último año? ¿cómo está su situación laboral comparado con un año atrás? ¿tuvo que reducir las porciones de comida durante el último año? ¿ha limitado usted la compra de productos? ¿alguien de su familia pasó hambre en algún momento durante el último año?

Menos trabajo

El índice de seguridad laboral bajó de los 55 puntos a fin de 2017 a 46 a fin de este año. O sea hay mucha menos seguridad laboral este año que a fines del año pasado. Es producto del empeoramiento en las respuestas a varias preguntas que tienen que ver con la situación de las personas en el trabajo. Es público y notorio la caída del empleo y cualquier trabajador ve que su empresa factura menos, que los servicios pusieron a las pymes contra las cuerdas y que el financiamiento es directamente imposible.

A fin de 2017, el treinta por ciento decía que era muy o algo probable que perdiera el trabajo en los siguientes meses. Ese porcentaje subió ahora, a fines de 2018, al 44 por ciento.

Cuando se le preguntó a los entrevistados cómo está su situación laboral comparada con un año atrás, en 2017 el 34 por ciento dijo que peor o mucho peor, mientras que en este diciembre los que dicen que las cosas en el trabajo están peor o mucho peor que hace un año suman el 51 por ciento.

Hace un año, el 48 por ciento afirmaba que el sueldo no le alcanzaba y tenía dificultades, incluso grandes dificultades. Ese porcentaje subió ahora al 63 por ciento.

Hace un año, del total de encuestados, un 33 por ciento contestó que alguien de su hogar perdió el trabajo durante 2017. En este diciembre, un 46 por ciento sostuvo que en su hogar hubo alguien perdió el trabajo durante 2018.

El deterioro está en sintonía con todas las estadísticas, incluso las oficiales del Indec, sobre la caída en puestos de trabajo, cierre de empresas y baja de la producción.

Limitadxs

El año pasado evaluaban que la economía estaba mal o muy mal un 37 por ciento de los consultados. Pero en este diciembre estamos ante una mayoría abrumadora: nada menos que el 65 por ciento dice que la economía está mal o muy mal. Las preguntas demuestran que las consecuencias son tremendas dentro del hogar:

El 68 por ciento de las personas afirman que tuvieron que limitar los productos que compran.

Y, tal vez lo más dramático, este año ya hay un 49 por ciento de encuestados que sostienen que disminuyeron las porciones de comida porque no había suficiente dinero en el hogar. Cuando se hizo esa misma pregunta hace un año, los que dijeron que redujeron porciones fueron el 34 por ciento. Hay un aumento brutal de los que están comiendo menos que hace doce meses.

Cuando se le pidió al encuestado que compare su situación económica personal con la que tenía un año atrás, el 35 por ciento dijo que estaba peor y otro 25 por ciento contestó que mucho peor. O sea que hay un 60 por ciento, seis de cada diez personas, que empeoró en 2018.

Conurbano

Los porcentajes son un promedio entre la Ciudad de Buenos Aires, mucho mejor posicionada socialmente, y el postergado conurbano bonaerense. Los números son dramáticos en el gran Buenos Aires, especialmente en el segundo cordón de la zona sur, es decir en Quilmes, Florencio Varela, Berazategui y zonas aledañas. Lo mismo sucede en el segundo cordón de zona norte -José C Paz y Malvinas Argentinas- y el segundo cordón de zona Oeste, Moreno y zonas de La Matanza.

Allí, por ejemplo, el 58 por ciento redujo las porciones de comida durante el último año. Incluso esa situación es aún peor en lugares del segundo cordón de la zona norte, como José C. Paz o Malvinas Argentinas, donde el porcentaje que redujo porciones de comida trepa al 61 por ciento en este diciembre.

Los números representan una población empobrecida  y se condicen con los datos sobre indigencia conocidos la semana anterior. En el segundo cordón del norte del Gran Buenos Aires hubo un 46 por ciento de encuestados que contestaron que alguien de su familia pasó hambre por falta de dinero en la familia para comprar alimentos. En el segundo cordón de la zona Oeste estuvieron en una situación similar el 43 por ciento.

El peligro de pérdida de trabajo es mayor en el conurbano, sobre todo porque buena parte de los consultados trabajan en forma informal donde las convulsiones impactan más. La brutal caída en la construcción, por ejemplo, pega de lleno en esas zonas. En el segundo cordón, cerca del 60 por ciento dice que teme perder el trabajo en los próximos meses.

“Es necesario que el Estado dinamice la economía movilizando el mercado interno –concluye Barroetaveña–. Obra pública, restricciones a las importaciones, mejora de ingresos y crédito a tasas razonables son el único camino para salir de esta economía especulativa y poner producción y trabajo en el centro de las políticas. De seguir por este camino la pobreza seguirá creciendo y se acentuará la desigualdad”.

Quilmes

Este martes 18, comedores y merenderos de Quilmes se manifestaron en Quilmes con una marcha que salió desde la estación de Quilmes y llegó hasta la Secretaría de Desarrollo Social “con el objetivo de visibilizar la problemática que vivimos en los barrios los comedores y merenderos del distrito por la falta de respuesta del gobierno municipal”, según señalaron desde el Frente Social Quilmeño, conformado por referentes de las instituciones barriales.

Marta, referenta del merendero “Las hormiguitas” que funciona tres veces por semana en Primera Junta 928, señaló a CPB Noticias que habían arrancado sólo con una copa de leche para los chicos del barrio, y hoy la demanda los llevó a necesitar darles comida. “venimos a reclamar porque la Municipalidad no cumple con nada, no se hacen cargo de los comedores del distrito”.

El Frente Social Quilmeño presentó una carta dirigida a las autoridades exigiendo que se los incorpore a una entrega mensual de insumos como respuesta de mediano plazo para los más de cuarenta comedores y merenderos que hoy no cuentan ni siquiera con un pan dulce para compartir en las fiestas de fin de año.  “Los pedidos son por alimentos y una tarifa social como fue en su momento con la garrafa para las familias que lo necesitaban”, señaló Marta. Además, señaló que “cada vez vienen más chicos con adultos”.

Jonatan Monzón, referente del comedor “Los Peques de La Florida” que forma parte del Frente Social Quilmeño, expresó a CPB Noticias que “se entregó una solicitud a la Secretaría de Desarrollo para que seamos incorporados a un plan nacional para que nos pasen alimentos todos los meses. En primer lugar, la persona que nos atendió se comprometió a garantizarnos colchones, kit de limpieza y alimentos para comedores. En segundo lugar, se comprometió a que, a nivel provincial, los comedores entremos en una lista de diálogos para que nos pasen los alimentos que nos corresponden.” Además señaló: “nos quisieron dividir pero necesitamos accionar como colectivo. Por eso es importante la conformación de este frente para que nadie se quede sin su plato de comida.”

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