La política del maquillaje

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Gustavo Aráoz
Lic. Comunicación Social UNQ
Director CPB

Al momento de construir el discurso en el espacio político del Pro, encontramos que uno de los slogans que más repitieron fue su procedencia ajena a la política. Los y las que integraban (e integran) el partido creado por el empresario, Mauricio Macri, eran personas que provenían de “lo privado”. Eso fue un estandarte de campaña que después de tres años y medio de gestión, no aporta nada de lo que supuestamente aportaba de diferente.

Caso paradigmático si los hay es el intendente de la ciudad, Martiniano Molina. Un reconocido cheff de profesión que logró popularidad con sus apariciones en la televisión y su contundente carisma. Su nivel de conocimiento lo catapultaron a la candidatura en 2015, para luego convertirse en intendente. Hoy esta chequeado por todos lados que el mentor de esa idea fue su padre, Jorge, quien sí tiene trayectoria política (de hecho, fue presidente del HCD durante parte de la gestión del Barba Gutiérrez). Fue así que él, Martiniano y Tomás, hermano del intendente, llevaron adelante la gestión en su columna vertebral.

Poco a poco armaron su equipo de gobierno y no hay un secretario que haya perdurado en su lugar. Es decir, las primera líneas de gobierno nunca fueron halladas. El equipo (otro de los slogans de Cambiemos) nunca pudo ser. Aún así, tuvieron un buen respaldo en 2017. En ese entonces, el cemento brillaba y la pirotécnica mediática que apuntaba sin parar a la gestión anterior, lograron crear una imagen parecida a las pretensiones políticas de la fuerza gobernante. Mientras tanto, la deuda externa crecía y se achicaban las partidas presupuestarias en salud, educación, ciencia y tecnología, desarrollo social y en diciembre de 2017, la reforma jubilatoria coronaba una batería de medidas neoliberales que comenzaban a profundizar el hambre.

Mientras tanto en la ciudad, los asfaltos ganaban visual a la par del crecimiento de la demanda en los comedores de la periferia. Las unidades sanitarias quedaban sin insumos ni profesionales. Y éste es un ejemplo a observar. Hoy están construyéndose los CAPs (Centro de Atención Primaria de la salud) que son edificios restaurados, algunos construidos de cero, donde el sistema de salud funciona de manera descentralizada en diferentes barrios, más conocidas como las “salitas”. Para esta renovación, el gobierno provincial destinará 350 millones. Algo positivo, sin dudas.

Lo curioso es cómo se piensa una política pública que se sostenga en el tiempo si se ahoga al sistema productivo nacional, por ende, se reducen partidas presupuestarias con las consecuencias que ya conocemos. ¿No es una irresponsabilidad tomar decisiones que luego no podrán sostenerse? Porque digo resto, porque la red AMBA (Área Metropolitana de  Buenos Aires) se financia con un programa progresivo de traslado de la provincia al municipio respecto a su financiamiento y funcionamiento.  Es decir que el primer año, la provincia financia el 100% y al año siguiente el 75%, luego el 50% hasta que el municipio absorba toda la inversión. Eso es viable en un municipio que aumente su recaudación año a año. Cosa que no sería lo que sucede en Quilmes. El aumento del presupuesto para 2019 fue del 5%. En un país con los altos niveles de inflación, la ecuación resulta sencilla de resolver.

La red AMBA puede llegar a ser otra irresponsabilidad más del gobierno de Cambiemos en todos sus niveles. Porque la política económica nacional se cae a pedazos y repercute en todas la ciudades. Porque a las paredes de las salitas está bien arreglarlas pero también hay que planificar con responsabilidad y priorizar en lo importante, que en la salud es el capital humano y los insumos. Algo que escaseó durante toda la gestión. Pero eso si, de afuera ese ve bien.

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