La irresistible necesidad de votar un modelo de país

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*Por Pablo Lapuente.

«Con la democracia se cura, se come y se educa». Esta emblemática frase de Raúl Alfonsín dotó, por un lado, de esperanza a una enorme porción de la población que le decía Nunca Más a la peor de las dictaduras cívico-militares en nuestro país y, por el otro, impregnó de valor a la democracia para las generaciones siguientes.

El contexto detrás de aquella frase fue el regreso a las urnas y a los derechos cívicos elementales cercenados durante décadas. Una lucha en la que se disputaba algo mucho más que posturas ideológicas: se ponían en juego dos modelos de país, uno vinculado a la industria nacional, a la revalorización de la tierra y el trabajo; y otro más cercano a una economía liberal del lado de las grandes empresas extranjeras y una política conservadora.

Con distintos matices este contexto se extendió a lo largo de las décadas siguientes. A veces bajo consignas bipartidistas, tiempos en los que peronistas y radicales se disputaban los destinos de la Nación; y otras veces envueltos en frentes electorales más amplios, como Frente de Todos, Juntos por el Cambio, o sus distintas variantes en años anteriores.

Una pelea en las urnas que hace olvidar a los más desprevenidos el verdadero valor de esta jornada democrática: que la elección se da en el cuarto oscuro de una escuela y no en un cuartel general del Ejército. Parece una comparación exagerada, pero no la es. Ahí radica el primer acto democrático: el voto, aunque no es el único.

Esa construcción sobre la importancia de votar queda titulada cada dos años con la frase “fiesta de la democracia”. Una frase cursi si las hay, pero que encierra uno de los pilares de nuestra Constitución.

“Con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina.

Este próximo 11 de agosto es el primer paso de este enfrentamiento entre modelos de país. Si bien se definen a los candidatos oficiales de cara a las próximas elecciones generales, estos resultados marcarán el primer termómetro certero de lo que podría suceder en los próximos cuatro años. Es decir, las elecciones de este domingo marcan el rumbo de los comicios generales de octubre.

¿Qué define nuestro voto?

Es probable que algunos aún vivan con desapego a las tradiciones, a la afiliación política o incluso al ejercicio de votar. Entre ellos puede haber algunos más flexibles que apostarán a la primera boleta que encuentren en el aula de la escuela u otros simplemente a un voto en blanco.

En cualquier caso es imperiosa esa necesidad de salir de casa y elegir. Por nosotros y por los demás.  Sea quienes decidan votar por los factores de la crisis económica del país, por el bolsillo personal, por algunas de las fábricas cerradas en Quilmes como Ansabo, Eitar o Tecno Forja, o por aspiraciones y deseos a futuro. Todo eso es válido y cabe en la urna.

Y ante la pregunta inicial sobre qué define nuestro voto, la respuesta está en los primeros párrafos: dos modelos de país. Queda en el lector de estas líneas el análisis sobre quién representa a uno y otro.

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