Evita Eterna, a cien años de su natalicio, volvió y fue millones

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Victoria Tesoriero
Sociologa UBA

El 7 de mayo se cumplieron cien años del nacimiento de Eva Duarte de Perón, y su legado persiste hoy más que nunca en las miles de mujeres que salen a las calles pidiendo más derechos, en las que se plantan frente a los retrocesos de la crisis actual, que redoblan esfuerzos para salir adelante y pelean por una sociedad más justa desde cada lugar. Eva Perón es probablemente uno de los mejores cuadros que dio nuestra historia política. A Eva se le debe una extraordinaria movilización de las mujeres, no sólo de estratos populares. Eva puso en jaque los mandatos domésticos, desafiando el estereotipo femenino de la época en un marco de ambigüedad valorativa entre lo público y lo privado. La historia hegemónica y patriarcal puso a Evita en el lugar de la dama que realizaba caridad a partir de la Fundación Eva Perón, borrando su perfil de armadora política clave del peronismo.

Con una intuición notable y alcanzada por la absoluta convicción de que no sólo debía adherir a las intervenciones en pro de la justicia social de su esposo, sino que tenía algo propio para agregar a su construcción, Evita entendió el significado de la participación de las mujeres en el movimiento conducido por Perón. El viaje que Evita realizó a Europa a mediados de 1946, a poco de que este asumiera la Presidencia, la contactó con la experiencia de las organizaciones de mujeres.

En el invierno de 1946 se aprobaba la ley de voto femenino, y comenzaba el proceso de organización de las mujeres, nucleadas en el Partido Peronista Femenino, una experiencia pionera (que muchos peronistas aun desconocen) en el mundo de un partido integrado por mujeres que tenía un 30% de las bancas del peronismo reservado para las mujeres que, en 1951, consagraron con su voto al triunfo de Perón.

Hoy el mejor homenaje de las mujeres a Evita es reivindicando los valores de la justicia social, y llevando adelante la renovación doctrinaria del peronismo que incorpore a la luz de los acontecimientos pero también de su tradición histórica revisada, al feminismo como un eje fundamental e insoslayable de esa justicia social, porque no vamos a vivir en un mundo más digno sin que las mujeres y las disidencias tengamos derechos, vivamos libres de violencia y logremos desterrar a la cultura del patriarcado que hoy con su mejor aliado, el neoliberalismo, intentan socavar lo que no pueden vencer: la organización popular está en marcha, y en la búsqueda de una mejor Argentina que sin duda, alcanzaremos pronto porque el legado de Evita, cien años después, se renueva en un movimiento que viene a discutirlo todo, revolucionando todos los espacios y siendo el motor actual de la transformación social que tanto necesitamos. 

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