“Es necesario que cambie el rumbo económico y sanitario para que la salud vuelva a ser una prioridad y un derecho”

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Por Yanina Asfur

Los indicadores sanitarios son herramientas con las que contamos para evaluar la situación sanitaria de la sociedad. Nos permiten indagar sobre el desarrollo de las políticas públicas realizadas al respecto. Uno de los indicadores más importantes es la tasa de mortalidad infantil, porque tiene que ver con la accesibilidad al sistema de salud, con el control de salud de la persona gestante y luego del recién nacido, con la prevención y rehabilitación de enfermedades.

El anuncio que realizó la gobernadora María Eugenia Vidal a mediados del mes de mayo, acerca de la tasa de mortalidad infantil de la provincia correspondiente al año 2018, como la más baja en toda la historia, parecería constituir a priori, algo que merece ser apreciado como un logro de su gestión. Al analizar los datos más detalladamente se puede dilucidar que esto no es así.

Desglosemos un poco la información: La Tasa de Mortalidad Infantil (TMI) se calcula relacionando el número de defunciones de menores de 12 meses con respecto a la cantidad de nacidos vivos por 1000.

En anuncio de la gobernadora Vidal fue una tasa de 8.9 por cada 1000 nacidos vivos en 2018. La realidad es que son varios los factores que hacen que desde el año 1991 este número muestre una tendencia a la baja, solo con algunas excepciones: como la crisis del 2001 y el brote de enfermedades respiratorias en el año 2007.

El apresuramiento en dar a conocer el nuevo índice, parecería más bien estar relacionado con la coyuntura electoral y la imperiosa necesidad de mostrar algún dato positivo ante la ausencia de logros en la provincia.

Si analizamos los números correspondientes al período 2013-2015 se observa un descenso interanual del índice en cuestión promedio de 0.52, mientras que el descenso promedio entre el 2016-2018 fue de 0.35. Esto significa que el descenso ha sido de 0,17 puntos menos en los últimos tres años.

Si bien es cierto que cuando nos acercamos a valores cercanos a un digito las causas consideradas “duras” (como las alteraciones congénitas) adquieren un peso mayor y no siempre es posible combatirlas, de continuar el ataque a la salud pública (falta de planificación, de infraestructura, de personal, de insumos) y no mejorar las condiciones sociales (aumento de desempleo, hacinamiento, falta de agua potable, de cloacas) no sería raro que este enlentecimiento en el descenso de la tasa de mortalidad infantil se termine traduciendo en un retroceso.

No contamos aún con los datos correspondientes al año 2018 de la ciudad de Quilmes, pero si con los del 2017, y en comparación con el resto de la región sanitaria VI, la situación es muy preocupante. Es el municipio que registra la mayor tasa de mortalidad infantil del Conurbano sur, siendo esta de 11.9.

Martiniano, Vidal y Macri son la misma cara del ajuste, también en salud. Esperamos que pueda seguir descendiendo la tasa de mortalidad infantil que dicho de otra forma es evitar que se mueran los menores de 1 año. Y para ello es necesario que cambie el rumbo económico y sanitario para que la salud vuelva a ser una prioridad y un derecho.

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