¿Y ahora que sí nos ven?

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Por Mariano Del Popolo*

La realización de la marcha permitió visibilizar la capacidad subversiva de nuestros actos, gestos y cuerpos disidentes. Triplicando la cantidad de asistentes respecto al año pasado, marchamos por la ciudad cosechando miradas, gestos y palabras de aprobación, rechazo e indiferencia.

Pero la marcha terminó y Quilmes volvió a su performativa normalidad, a esa repetitiva heterosexualidad obligatoria y a sus relaciones jerárquicas y desiguales en materia de género. Seguimos sin cupo laboral travesti-trans, continúa la discriminación a la diversidad sexual, las travas siguen olvidadas y las trabajadoras municipales siguen sin poder pedir licencia cuando son víctimas de la violencia machista.

Frente a esto, vale preguntarse. ¿Cómo va a influir la visibilización de la diversidad sexual organizada en la política y sociedad quilmeña? Mientras la marcha del orgullo sea sólo ese hecho en el que expresamos nuestra disidencia una vez al año, no vamos a construir nuevas relaciones de fuerza a nivel local para avanzar en una agenda de género y diversidad en la que seamos protagonistas.

La marcha es esa construcción necesaria para decir aquí estamos; existimos; miramos, hablamos y amamos en diversidad disidente a las nociones hegemónicas de género y sexualidad. Nuestra marcha crece desde el pie y con las características propias de nuestro territorio; además es colectiva, horizontal y sin jerarquías. Es un proceso que recién comienza y es necesario cuidar.

No queremos una marcha cooptada o burocratizada. Tampoco queremos que la ciudad se acostumbre a la idea de la marcha que se hace una vez al año. No queremos una marcha que sea inofensiva. Queremos aportar a la construcción de otra realidad política local. Entonces, es necesario pensar la marcha como parte de un proceso que sea capaz de cuestionar las relaciones de poder dominantes en materia de género. Un proceso que comprenda a la marcha y la trascienda en su capacidad organizadora y de transformación.

Tras la marcha, queda pendiente la tarea de articular las voluntades que marchamos, gritamos, reímos y lloramos con las movilizantes historias de vida convertidas en discursos. Articular voluntades en función de la construcción de esa agenda transformadora que impulse políticas públicas que den respuesta efectiva a nuestras demandas. Para ello, es necesario lograr la irrupción de la diversidad sexual organizada y del feminismo en la política local, porque debemos ser nosotrxs y no otros lxs protagonistas de esa agenda.

* Mariano Del Popolo, Integrante de la Comisión organizadora de la Marcha del Orgullo LGBTIQ Quilmes

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