“En cada tatuaje dejo una parte de mi vida”

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Se cumplen dos décadas desde que el célebre tatuador quilmeño se encontró con una aguja que marcaría su vida para siempre. Su local de tatuajes, ubicado en el centro de Quilmes, se encuentra al final de un pasillo, y ahí está el templo de César “Yeyo” Molina. Dentro de la antesala, él espera para ser entrevistado, con su bajo perfil (más allá de ser una figura internacional en el mundo del tatuaje) hace un recorrido hacia una parte inseparable de su vida en San Francisco Solano, el barrio que lo vio tatuar por primera vez hasta llegar a nuestros días.

En su estudio personal hay un cuadro colgado de una camiseta argentina de fútbol, firmada por Diego Armando Maradona. Del otro lado un asiento para tatuar a sus clientes, más al centro una mesada con luces más otros accesorios de trabajo. Así hasta llegar a una estantería con trofeos de las convenciones en donde participó. Al regresar a la habitación comienza a “soltarse” y cuenta sobre el mundo del tatoo tras 20 años de carrera.

– ¿Cómo fue que elegiste el diseño de tatuajes?
– Fue algo casual, yo no tenía un familiar tatuador. Fue algo casual en el camino y por suerte lo conocí. A mi me sacó de la esquina, de la calle cuando tenía problemas de comportamiento. Primero me dio un oficio, ¿porqué tenemos que nacer para barrer solamente? No había profesiones que se nos enseñe. Con mi hermano (Mauricio) nos entrenábamos para jugar al fútbol, para ver si llegábamos. Pero la adolescencia te trae problemas de atención, que no queres escuchar a nadie y terminé abandonando el fútbol. En eso llegó el tatuaje a mi rescate, al que no me lo imaginaba como un oficio. ¿Por qué? Porque siempre te encontrabas con un mayor que te decía “¿cómo que estás tatuando? Te vas a cagar de hambre”. Aparte el tatuaje era mal visto, un estigma en la sociedad. Era un tabú cuando empecé en febrero de 2001.

– Hoy sos Yeyo Tattoo. ¿Tomaste dimensión de lo que representa?
– Creo que uno para saber hacia dónde vamos, es importante saber de dónde vino. Yo soy un agradecido de los pibes del barrio que se acuerdan de mí, como yo me acuerdo del barrio. Y siempre caminé la calle con respeto, sabiendo que nunca molesté a nadie. Gracias a Dios nadie me molestó tampoco. Voy a visitar a “Lucho”, mi amigo de toda la vida, y a mi vieja, siempre los voy a ver. Si me pasa que mucha gente me conoce a mí y yo no los conozco (sonríe y baja la mirada como si tratara de recordar algo). Estuve en La Florida durante 12 años, donde viví momentos muy buenos, vi a niños que al paso de los años andaban con sus propios bebés en brazos y eso me pone sentimental. Después me pude venir para el centro de Quilmes, siempre acá porque no quiero irme a otra parte que no sea mi ciudad.

 – En reiterados reportajes que hiciste te mencionan como “el artista” ¿Cómo lo ves?
 – Siempre digo lo mismo, soy un aprendiz eterno. No voy a llegar a una etapa donde me diga a mí mismo que soy maestro. Porque me pasó en China -Convención de Tattoos en Beijing, año 2019-, donde me presentaban como el maestro de Argentina. Y no me parecía bien porque no estudié. No sé. Es una palabra muy grande y muy importante. Soy autodidacta porque no tuve la suerte de estudiar.

– ¿Cuándo comenzaron tus participaciones en las convenciones?
– Cuando fui a La Rural en 2015 (onceava edición del Tatoo Show), yo había ido a muchas pero de visita. Siempre fui fanático del tatuaje. Me despierto pensando en tatuajes, me duermo pensando en tatuajes. Te miro y veo el color de tu piel, con qué lo haría o cuáles formas implementaría. O las marcas de la cara, qué técnica usaría para darle dimensión del tatuaje. Soy como un loco… (suelta una carcajada que retumba la habitación), es que me gusta. Porque cuando empecé los colores no existían, en Europa más que acá. Años después apareció acá, alguien la trae. Ideal sería que empiece acá, pero siempre hay una manera de hacer que Latinoamérica no progrese por parte de las potencias, pero dejémoslo ahí el plano político.

– En 2019 tatuaste a la intendenta electa Mayra Mendoza y le hiciste una imagen de Néstor Kirchner ¿Cómo fue ese encuentro?
– La verdad, es una persona muy sencilla y el encuentro muy espontáneo. Pidió un turno hace unos meses y después de las elecciones pude cuando fue electa, todavía no había asumido (sus funciones como intendenta del Municipio de Quilmes). Nosotros tenemos una manera de llevar las sesiones de tatuajes para todos. Primero les preguntamos si desayunaron, porque lleva sus horas este tipo de tattoos y tenemos en el fondo un lugar de esparcimiento por si la gente quiere desayunar algo. Después discutimos lo qué vamos a hacer, mientras preparo todo lo que voy a usar. Es un ritual muy largo la preparación del tatuaje. Desde los colores hasta el stencil… Lo que tienen los tatuajes de personas conocidas es que si te sale mal te sepulta, si te sale bien te catapulta. ¿Pero porqué es así? Porque el ojo es rápido para encontrar defectos. Así y todo, volviendo a la visita de Mayra, me gustó ver a una tipa sencilla y poder decir “es una más de nosotros”. Yo me siento bien cuando la gente es así. Lo mismo me pasó con futbolistas profesionales muy conocidos que también fueron así. La sencillez de la gente me gusta mucho, yo creo que tiene que ser así en todos los aspectos de la vida.

– ¿Cómo fue tu experiencia en la convención de Estados Unidos por la categoría “Mejor del día en tattoo a color”?
– Muy buena. Estoy contento con lo que hice y hasta dónde llegué. Mi vieja lo ve, mi familia, amigos y se enorgullecen por mí. Y ahí, me enorgullezco yo al ver que me quieren ver bien. Lo que me pasa al comenzar es que contaba los tatuajes de mis amigos, del primero hasta el sesenta (sonríe). Este es el número 34 que tatué y así. Después dejé de contarlos. Pero me alegra porque en cada tatuaje dejo una parte de mi vida y es eso lo que siempre quise. Que las personas que vienen a buscarme para tatuarse un ser querido, muchas veces que ya no está, es recuperarlo a través de la piel. Yo no busqué ser lo que soy, un día se publicó y replicó en todas partes. Estoy agradecido por todo.

Foto: Jorge Noro