PAMI dejó sin cobertura a 13.000 jubilados de Quilmes

La cifra fue confirmada a CPB Noticias por fuentes cercanas al organismo. Esta semana se conoció que tanto el Sanatorio Bernal como la Clínica Modelo de San Francisco Solano decidieron dejar de atender a los afiliados a PAMI dado que la prestadora sólo liquidó la mitad de dinero correspondiente y además adeuda el pago de prácticas de alta complejidad. 




Los pacientes que tenían como centro de cabecera a estas clínicas, son derivados a la Clínica Santa Clara, ex policlínico del Vidrio de Don Bosco. Ahora, además de padecer el recorte en medicamentos, los jubilados y pensionados también deberán trasladarse desde Solano, Quilmes o Bernal, según publicó el portal local Hecho Por Quilmes.

“Cada vez que “se cae” un Sanatorio genera un conjunto de problemas”, explicó a CPB Noticias una fuente cercana al organismo. “Hay que reasignar a los 13.000 afiliados (8.500 del Bernal + 4.500 de Solano). Eso genera una saturación en los otros Sanatorios que “los reciben”, produciendo un empeoramiento en la atención y Presentación.” A su vez esto aumenta la demanda en cada boca de atención: afiliados que van a ver a qué Sanatorio los pasan, quejas por doquier, mayores esperas en la atención al público, saturación de los agentes de PAMI que tienen que poner la cara.

La gravedad de la baja del Bernal está, además, en qué es el único prestador de la UGL con prácticas e infraestructura de Alta Complejidad. La Alta Complejidad que se atienda deberá ser ahora por “Orden de Presentación”, que es una especie de “solución de urgencia” que deriva al afiliado a otro prestador… De otra UGL y/o CABA

Por otro lado, seguramente los Sanatorios tenían “operaciones programadas” para pacientes que van a tener que ser “reprogramados” y derivados. Eso explota la demanda en Prestaciones Médicas de la UGL, y seguramente afecte a varios afiliados que no lleguen a la nueva fecha de operación.

Esto responde a la marcha atrás por parte del PAMI en abril cuando el director ejecutivo Sergio Casinotti cambió el sistema de facturación que se aplicaba en la obra social de los jubilados y resolvió volver al llamado sistema de cápitas, que se había comenzado a utilizar durante la década del 90 en la gestión de Matilde Menéndez, en pleno menemismo.

Mediante el sistema de cápita se le paga a un sanatorio o una clínica una suma fija por número también fijo de afiliados, hayan recibido o no una prestación.

Es decir, se le paga por un convenio para atender a cien personas, aunque sólo se atiendan a diez. Durante el gobierno anterior se comenzó a aplicar otro método: se pagaba sólo por la prestación dada en forma efectiva.